domingo, 28 de diciembre de 2014

MI PLUMA Y YO

Para escribir cosas bonitas no hacen falta razones, ni ser viajero en el tiempo, ni que el aire lleve esencias de fantasía, ni vestirse cada día con verdades, ni citar a la razón. No hay que echar campanas al vuelo, solo hay que dejar que aire te envuelva en la fragancia de una rosa y respirar su olor.

Las letras, son así de caprichosas, son capaces de hacer sentir cosas maravillosas, al más recio corazón.
Para escribir cosas bonitas no hace falta ser poeta, solo hay que respetar la métrica de la imaginación, componer partituras con notas de color malva con cascadas de pasión, como si estuvieses dibujando un lienzo, con pinceladas de amor. Ahí, habitan virtuosas esas cosas tan hermosas, que salen del corazón.

Soñar despierto, regalar abrazos, aliviar dolor, palpar la amistad verdadera, sentir la bondad que anida en cualquier rincón, tener el tiempo en las manos, hablar con Dios, tocar  las nubes y beber de unos labios suaves, el mejor licor.
Nadar bajo la luna mientras baja la marea, las mecidas de las olas, dejar que la brisa roce ese rostro de seda y a la luz de las velas, una cena para dos.

Compartir risas, bailar la danza del vientre a la orilla del mar y así, en el más estricto silencio, dejar que el murmullo del viento, regale su canción y que la calidez del alma, abrace tu propio yo. Románticos besos, abrazos cálidos, hacer el amor con la noche, en una playa desierta, vestida solo de estrellas y su propio resplandor, sentir despacio  y que susurren al oído palabras, impregnadas de amor. Y si te sorprende la mañana entre abrazos de pasión, no frunzas el ceño, ni te enojes con el sol.

Ya ves… para escribir cosas bonitas, no hace falta una autentica reflexión, dejo que el viento sople de cara, envuelta en el aire, despliego las alas y así, rozando el viento, sin ningún otro argumento, solo, mi pluma y yo…


Margary Gamboa©todos los derechos reservados.

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domingo, 24 de agosto de 2014

A VECES...

A veces… me pregunto quién soy, me siento desconcertada y suelo intentar traspasar la puerta de mi autoconocimiento, sondeando en mi pasado y reviviendo momentos. La controversia me invade, la memoria del corazón va eliminando malos recuerdos y hacen que los buenos reluzcan con mayor significado.

A veces… desde mis entrañas noto su cosquilleo, un hilo de sensaciones, un vergel de sentimientos por donde deambulan virtuosos en incesante movimiento. Me siento perdida entre estos paseos por el jardín del alma, en estás delicadas tardes de verano, por donde la meditación transita entre instantes silenciosos que dan riendas sueltas al candil de la memoria, que permanece encendido y es entonces... cuando ni yo misma me comprendo.

A veces… soy preguntas de un investigador, un examen sin respuesta, una duda sin razón, solo soy esa cuestión sin soluciones concretas.  Una etapa que termina o de otra que quizás comienza. No tengo certeza ninguna de lo que depara mi existencia y deambulo por la vida como una marioneta.

A veces… solo soy mi pasado, solo memoria de poeta, un yo sin significado, un resquicio en una puerta por donde se filtra el aire de la incomprensión, solo, un instante de recuerdos, un momento de ilusiones y un mar de desasosiego, la introversión me domina y salen a danzar mis versos que nunca se donde habitan, ni se, como convencerlos para que salgan a flote en cuanto yo los requiero.

A veces… veo mi vida como desde un ángulo muerto, como si mirase de frente a mis propios miedos, otras como ave pasajero que planea entre vivencias triviales que sonríen sin respeto, sentires inconclusos, preguntas sin respuestas de interrogantes absurdos, de un espíritu en condena y en tropel el corazón, con lágrimas me atropella.

A veces…necesito instantes de paz y prefiero no dar a mí pasado, demasiadas riendas vueltas, porque sé muy bien que no puedo cambiarlo e intento no agobiarme pensando en el futuro, porque no sé lo que me deparará. Es mejor disfrutar del presente y vivirlo con intensidad.  Así que hago todo lo posible para abrazarlo con todas mis fuerzas, acariciar su piel de armiño y no dejarlo escapar, porque sé que cuando se vaya, volverá a ser pasado, y nunca jamás… volverá.

A veces…no sé quién soy, pero lo pretendo averiguar…



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miércoles, 13 de agosto de 2014

SIN TIEMPO, SIN ESPACIO, SIN LUGAR...

Asomada a la ventana de las ilusiones, donde no existe el tiempo, ni el espacio, ni el lugar... una abraza la melancolía con cierto desconsuelo, dejando traspasar ese sentir profundo que juega a evadirse. Desde allí todo se aprecia como difuminado, como si fuese una especie de acuarela de desiguales pinceladas.

El silencio que deambula inexorable, juega su principal papel y cómplice de esa percepción, una intenta aclarar esas ideas que conturban la razón. Y desde aquel umbrío desamparo, puede verse el yo confuso, desordenado y peligroso, pero atractívamente seductor. Como si estuvieses mirándote a un espejo.

Si el ángel de la guarda en algún momento te abandona, y en su lugar, deja entreabierta la puerta donde habita la ternura, dejando caer la inmortal existencia de un abrazo, del beso que toca el alma. Entonces...te sientes perdida y esquiva de los propios sentimientos que te  abruman, vas dejándote llevar hacía aquél lugar ignoto, donde nunca habitaste. Y puedes ver como el cristal de lo ecuánime va dejando caer el velo reflexivo de la prudencia.

Heme aquí, envuelta en un pensamiento conturbado, que golpea pertinaz,  que vuela desde un horizonte incierto hasta el remoto destino que se abre entre tú y yo.

A veces, falta valor para afrontar la vida tal y como se presenta, el desconcierto juega en tu contra y te sientes esclava de tus propias sensaciones.  Envuelta en un suspiro, deseas danzar descalza, con las alas desplegadas, como para elevarte en un vuelo que te lleve hacia un amanecer distinto. Entonces... la mirada se enclava en la nada, y permaneces ahí durante un intervalo de tiempo, mientras ese sentir profundo envuelto en melancolía,  se desliza hasta aquel cobijo que deseas. Y allí, persiste aislada, nadando en el lago de la ilusión…


Y el suspiro que antecede al lamento, va atándote las alas, amordazando sentimientos y te sientes como en caída libre, hasta que tocas lo más profundo. Entre tus dedos ves, como se desliza la arena del espejismo ensoñador, de  un romántico destino. Pero deseas permanecer allí, a flote, sin tiempo, sin espacio, sin lugar, donde el aire mesurado no lleve esencia cauta y donde la sensatez que te fustiga no mire de reojo.

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viernes, 11 de julio de 2014

LOS SILENCIOS DEL AIRE


Cae, el silencio sobre el aire, mientras el tiempo vanidoso se distrae y va reposando el día.
Aferrada a mi sutil cordura, mientras el murmullo sonoro del silencio se doblega, busco armonía con los sentires del alma.Y allí, donde la alondra canta, donde el corazón se despliega dejando batir sus alas, voy buscando una salida que me transfiera calma.

Más no encuentro sosiego, y me flaquean las fuerzas.
El tiempo se diluye, se estremece, se deshace entre mis hombros desnudos, mientras los besa la tarde que va perdiendo pureza.

Y con la brisa, se evaden los secretos y delirios, que se dispersan entre los silencios del aire y el aroma de los lirios.

Elevo mi plegaría al infinito, que entre tan sosegada calma, ya susurra la nostalgia y me va dejando el corazón sobrecogido.

Entre la brisa y yo se extiende el crepúsculo, un hado superlativo iza un último suspiro seducido por la soledad y la quietud, y vuelve el silencio sobre el aire, mientras el tiempo vanidoso esquiva un último resquicio de luz.


Margary Gamboa.©todos los derechos reservados.
 

miércoles, 16 de octubre de 2013

ESTO ES AMOR




Solo deseaba detenerme en su dulzura y sumergirme lentamente en el universo de su imagen. Su rostro me parecía de una belleza inusual y fui contando una a una las largas pestañas que  embellecían sus hermosos ojos.

Fui examinando su rostro milímetro a milímetro, mientras él,   languidecía su mirada sumergido en el poema de Lope de Vega, Esto es amor; uno de los poemas más románticos que jamás se haya escrito.

Desmayarse, atreverse, estar furioso…Eso es lo que sentía en ese momento. Me sentía desmayar fascinada por sus encantos. Estaba furiosa porque sabía que él, ni siquiera se había dado cuenta de que yo existía.  Pero lo que realmente me daba miedo era, atreverme a dar el paso hacia lo desconocido.

Me daba tanta vergüenza que intuyese lo que sentía, aunque era más que evidente. Solo al mirarme se podía averiguar que en mi estómago revoloteaban un enjambre de mariposas. Se alteraban aún más  tan solo al escuchar su respiración.
Se me había ocurrido  pensar,  que aquel poema había escogido algunos de sus versos para hablar de mí. 
Creer que el cielo en un infierno cabe. Yo lo creía. Él, era mi cielo y el infierno estaba en mi interior, abrasador y chispeante. Yo buscaba la manera menos luctuosa de evadirme de él, pero sus grandes ojos me atraían como un imán.

Por un momento apartó su mirada de aquellos versos y me sorprendió embelesada, observándolo fijamente. Intenté disimular, pero fracasé. Cogió mi mano con suavidad, la apartó de la página abierta  y cerró  mi libro de matemáticas. Hice el intento de hablar, pero él, levantó su mano y puso su dedo sobre mis labios, indicándome que mantuviese silencio. Sin pronunciar palabra alguna, acercó lentamente sus labios a los míos y me besó, con un beso cálido, romántico, sumamente apasionado, como jamás nadie, me había besado.
Esto es amor… Un poema en mí, probé sus labios, y lo supe.

Autora Margary Gamboa. ©todos los derechos reservados.
ESTO ES AMOR - (c) - Margary Gamboa

lunes, 16 de septiembre de 2013

LA MANZANA DORADA


La música sonaba a todas horas y aquel canto roto, quiso derramar sus lágrimas cansadas, hasta que se le acercó, la reina del pecado.
Danzó, sin tocar el suelo, etérea, vanidosa, y los velos vaporosos fueron rozando su piel de seda, mientras él, quedaba anonadado.
Parecía, la Diosa Afrodita consagrada y como sutil mariposa alada, revoloteaba en una nota sostenida. Más él, solo deseaba poseerla, aunque no fuese más, que una víbora camuflada, hecha de consciente desmedida. En aquella tarde tranquila y sosegada, fue vertiendo caricias sublimes por su espalda, y ya no fue capaz de encontrar una cura, ni una pequeñísima salida.
Mientras observaba aquella imagen tan pura, ella, le ofreció su manzana dorada que le llevaría hasta una tiránica partida. Mas ya no hubo escapatoria, se dejó vencer por aquella diva, mientras ella con exquisita sutileza, lamía sus heridas. Inocente, se creyó su dueño y  como sutil pécora despiadada, fue robándole beso a beso hasta su último halo de vida.


Margary Gamboa. ©todos los derechos reservados

miércoles, 14 de agosto de 2013

LA FUENTE DE INSPIRACIÓN

En el silencio del alma, mientras solo estas contigo, escuchas a tus pensamientos que susurra en tus sentidos y te nublan la razón. Allí, musitan dichosos, entre latido y latido que emite tu corazón. Y te suscita bochorno, mariposas en el ombligo, con ese deseo ferviente de vivir, lo que aún, no has vivido, y duermes estando despierto, y sueñas sin estar dormido y, te tranquilizas sabiendo, que para esos sentimientos, tienes sobrados motivos. Y sabes que ese sentir, es un regalo divino.


Y allí, entre tus entrañas, construyes mil y un castillos, mientras etéreos sentires, manan al rojo vivo. Y cuando estas compartiendo cosas con tus amigos, te sientes el ser más dichoso que en la tierra ha existido.  Ese deleite que captas, quisieras ver compartido. Y piensa… Mientras el mundo sea mundo, que el amor siga conmigo. Incluso resultas chistoso que como por arte de magia, se atenúen tus enojos. Te vuelves mucho más risueño y se te escapan carcajadas, destilando sensaciones que reflejas en tus sueños.

Un arrullo desde el alma, paz en tu interior, alegría de existir, musitan esa melodía que deseas transmitir. El roce de una caricia, un susurro sostenido, una rosa perfumada, las notas de una canción, el rojo de una amapola que comienza a florecer. Y encendido en un suspiro, empieza a componer, sin sabes de donde salieron, esos versos  que has escritos. 


Ese sentimiento tan puro que fluye de tu interior, tiene duende, tiene magia, aunque le llames, amor. Un verdadero misterio, una incógnita, el quid de la cuestión, es lira, es la musa, es...La fuente de la inspiración.
 .

 Margary Gamboa.©Todos los derechos reservados

lunes, 8 de abril de 2013

A SOLAS CON MIS PENSAMIENTOS.


A solas con mis pensamientos me pregunto…¿Dónde se esconden las palabras y las ideas? A veces, brotan desbordantes, otras, desordenadas, como sacadas de un viejo estante y se ocultan disimuladas, entre los pensamientos y como una luz poderosa, asoman virtuosas, en continuo movimiento.

Otras, tímidas y apocadas, son difícil echarle el lazo, les cuesta demasiado salir y dar la cara, para asomarse hasta el filo de la hoja que luce un resplandeciente blanco, y sin que brote letra alguna, se me hace una laguna, en un abismal barranco.

Qué difícil es escribir, plasmar todos los conceptos, unir palabras pensadas, en un transcendental momento. Adórnalas con encajes, y escribiéndolas con soltura, se transforme una pequeña reflexión, en un grandioso mensaje. Y al observar una simple imagen, describirla con destreza y expresar con delicadeza lo que me dicte en corazón. Bueno, eso a veces lo hago. No me cuesta demasiado, nadar en ese lago, casi siempre salgo a flote, y no me suelo ahogar en el estanque de la desesperación.

Me gustaría ser... Como esos poetas virtuosos, de esos que derraman con soltura, palabras que desde su cuna, guardaban dentro de un hondo pozo. Para ir extrayendo y enlazando una a una las ideas, la suerte, la fortuna, que desliza a su delicada pluma, para escribir brillantes versos.

O puesto a soñar, podríamos soñar despiertos... Me gustaría ser una de esas escritoras prodigiosas, que escriben libros deslumbrantes. Sería un sueño escribir tantísimas palabras ingeniosas agrupadas en el libro de mis sentimientos. Y ahora viene la parte más seductora…Como colofón, se me ocurre un argumento…Formar parte del tomo del reconocimiento, escribiendo un Best Seller, y que me consideren en todo el mundo, como la mejor escritora.

Pero no soy escritora !Qué más quisiera yo! me conformo con teclear y dejarme mecer en los sentidos del alma, eso, me transfiere calma, aunque teclee sin ton ni son. Aunque a veces le doy forma a las acuarelas más dispares que trazan en mi alma tan distintas veredas, sin pretender nada mejor. Ya que a veces las letras se me transformar en huecos, en olvido, omisión y se sostienen en el aire dejando caer el telón más interminable. 

Hoy parece que son gratas y dejando volar mi imaginación, lucen una larga bata y me invitan a danzar en esta pequeña reflexión. Me conformo solo con esto, a la vez, que navego entre los sueños, porque soñar es seductor, además de ser barato, es una bendición, y al escribir estas humildes letras me distraigo, dando riendas sueltas a las distintas sendas, que traza mi corazón.

Autora Margary Gamboa. ©todos los derechos reservados.


A SOLAS CON MIS PENSAMIENTOS - (c) - Margary Gamboa

jueves, 4 de abril de 2013

LA LEY DEL SILENCIO




En ocasiones, el silencio toca tanto al espíritu que lo va dejando umbrío, desmoronando sin compasión todo aquello que en algún momento se amó.

Ayer, me perdí en la playa del abandono bajo esa ley del silencio que a veces nos hace reflexionar, para intentar pasar página y no volver nunca más a esa etapa infinita, pero tú sombra hizo que mis manos dejasen caer mi libro en el olvido, sin que pudiese sujetarlo para que no se estrellase contra las rocas.

Las olas rumoreaban tu nombre, los vellos erizados de mi piel delataban mis sentir, pero no quise escucharlas, sabía que si lo hacía te vería de nuevo aparece regalándome tu mejor sonrisa y yo volvería a ser esclava de ella.

Cándida, de tu mano me había sentido la emperatriz de la locura y  paseé mi ilusión cogida por la cintura. Baile el vals de la emoción con los ojos cerrados, fui amándote en secreto atrapada a tu voz dormida y descendí desde aquel cielo infinito que me trasfirió hacía el lado mas oscuro de mi ser. 

Mi amante pasajero, aquella ilusión de cristal que se quebró y sus trozos aún siguen emitiendo destellos de ternura, mientras voy escapando de puntillas de ese silencio, hasta que me pierdo en el olvido con el alma derramada en un suspiro.

 Y te iras como se fue la inocencia mía.  Así es el destino, desagravia su impoluta silueta y en vez de unirnos nos va separando desconsoladamente.

No se donde me llevaran los caminos del mañana, solo se que con tus cantos de sirena fuiste escribiendo verso a verso un libro poético con romances clandestinos, que aún está inconcluso con algunas páginas en blanco, de un capitulo nuevo, del que aún no se ha escrito el final.
Autora Margary Gamboa.©todos los derechos reservados.

viernes, 28 de diciembre de 2012

MI PEQUEÑO SECRETO



Definitivamente, creo que me estoy volviendo loca. Todos los días a la misma hora, escucho gritos que me llaman por mi nombre, provenientes de la cocina. Me acerco sigilosa, agudizo el oído para asegurarme bien de lo que estoy oyendo. Y si, salen de la despensa. Abro la puerta, y allí está, tintineante, como un autentico lucero que parece tener un imán, que me atrae hacia el pecado. 
Me resisto una y otra vez, intento aguantar el tirón cerrando la puerta de la despensa, pero acto seguido, sucumbo al tan irresistible tentación. El sonido del envoltorio al desnudar la tableta, seguido del aroma que emana, hace que la boca se me haga agua. Cojo la tableta de chocolate, la exhalo con delicadeza y de forma lujuriosa, pego un ansioso mordisco, como si fuera el último trozo que haya sobre la tierra. Con los ojos cerrados, lentamente, saboreo tan exquisito deleite, y siento que mis males se disipan…

Mmmm, !!!chocolate!!!! un verdadero poema para los sentidos. No sé qué tiene, que anula mi voluntad. Nada es más gratificante y sabe mejor que un buen bocado de chocolate.

¡Qué placer más exquisito! ¡Que gozo más excitante! 
No hay en el mundo entero nada, de otro sabor semejante.
¡Que regalo para el paladar, tan suculento y placentero!
 Y se hace un silencio, mientras diluyo en mi boca, un pedacito de cielo.

¡Que se pare el mundo! que nadie me hable, que en este momento, no estoy para nadie. Mmm... ¡Que delicia…!


Todo el mundo tiene una debilidad, y la mía, es el chocolate, es, mi pequeño secreto....Ssss, espero que nadie se entere. Y aquí estoy… Degustando un trocito de gloria bendita, mmm…Un placer sublime. Divina sensación. Dicen, que libera endorfinas, por lo tanto, debería ser, prescripción facultativa. Así que mientras pueda, seguiré disfrutando de este pequeño pecado. Aunque me encantaría gozarlo, sin sintiéndome culpable.



Autora Margary Gamboa. ©todos los derechos reservados.

jueves, 15 de noviembre de 2012

TEJIENDO SUSPIROS


Madre, mira que me gusta conversar contigo. Me encanta cuando narras esas historias tan tuyas, que tutelas en la mente con tanto cariño.

Y esas que hacen llorar hasta el corazón más endurecido, o esas canciones de recreo que sueles tararear, las he escuchado tantas veces, que hasta yo me las he aprendido.

Y esos versos que de pequeña aprendiste, aún los recitas con el desparpajo de un niño.

Madre, me embelesa escucharte cuanto en tu vida ha sucedido. Y aunque los años jueguen a escapar fugitivos, por muy mayor que yo sea, me encanta dejar volar mi imaginación y sigilosa, ir a posarme en tu nido. Para que me cobijes bajo tus alas y con tus manos suaves acaricies mis sentidos.

Tus dedos peinando mi pelo rompen en suspiros. Tus abrazos cálidos, son como pilares del mundo perfecto que has construido.

Madre, mi hada madrina que hilas suspiros, que entonas canciones del alma, mientras tejes labores de memoria y olvido. Con ovillos de etéreas sonrisas, asumes los silencios rotos de este mundo incomprensivo.

A veces en tu garganta llora tristes baladas de pájaro herido, con sus alas atrapadas en un vuelo sostenido.

Madre, hoy es tu cumpleaños, ochenta y nueve inviernos no parecen nada. Así es la vida, los años corren como un inagotable río.

Los rumores del agua son dispares vivencias con flores de ilusión. Otras son aguas estancadas teñidas de tristezas, desapego e incomprensión e irremediables ausencias, que se entrelazan en tus silencios, con el arrullar del alma, y el sentir, de un viejo corazón.

A mi madre de mi alma con todo mi cariño.
Felicidades mamá.
Tu hija que te quiere.
Margary Gamboa.©todos los derechos reservados.

martes, 25 de septiembre de 2012

LÁGRIMAS DE CRISTAL


He soñado el mejor sueño, tenía una canción en mi pensamiento y no la dejaba de tararear. Esa canción eras tu. Eras la música, la melodía, el verso. Siempre estabas presente y te sujetabas fuertemente a mi mano, como si tuvieses miedo a que te soltara.

De mi garganta no salía sonido alguno, pero en mi mente iba tarareando una y otra vez aquella cancioncilla pegadiza. Esa melodía me alegraba tanto, que no borraba la sonrisa de mis labios ni un instante.

Nos cogimos de la mano y anduvimos hacia atrás paso tras paso consiguiendo descontar el tiempo.

Pasamos por una playa desierta, mirando hacía el pasado fuimos deshojando los recuerdos y dejando nuestras huellas sobre la arena. Cada huella era un recuerdo. Aquella sensación estéril me hizo sostener un último suspiro y como aquel que cobija en su nido la mañana, me arrullaste en un susurro infinito.

Hasta que de repente, nuestros pies se detuvieron en un lateral del tiempo y me encontré en un lugar remoto donde siempre es primavera. Cerezos y magnolios lucían sus flores etéreas.

Cuando miré hacía atrás ese tiempo era visible. Se mostraba abstracto, con pinceladas desordenadas en un óleo inacabado y oscuro. Me encontré en ese lugar remoto, atrapada dentro del espejo de las vanidades, donde el aullido del lobo es la melodía de la noche. Mis labios dejaron de tararearte. Tú, ya no estabas, habías desaparecido. Te busqué inútilmente. Sentía mi sufrir interno y salí del espejo para buscarte.

Desde entonces mi sentir fue diferente. Fue como si nunca hubiera habido un principio, ni tampoco un final entre nosotros. Como si no hubieras existido jamás. Sentí que no hubo besos de dulce néctar, ni mi tristeza de tan amarga hiel. No hubo pena, ni gloria. Ni se escribió nunca en ningún papel un versos, ni estrofa, de aquella melodía hechizadora.

Fuiste tan solo eso, una alegoría de una historia inexistente y sentí tan breve aquel reír y tan largo mí penar, que esta clase de sueños, en lo profundo del alma se vuelven, lágrimas de cristal.

Margary Gamboa.©todos los derechos reservados.

sábado, 4 de agosto de 2012

MIENTRAS DUERMO



Hoy anduve largo rato entre mis sueños y de entre ellos, surgió un jardín de profunda desesperanza, me impresionó el cálido letargo que se cernía sobre él.  Avanzaba implacable como una marea de desespero.
Aquel lugar enigmático que debería resplandecer vigoroso, con coloridos brillantes y vivos, no era más que un espacio lúgubre y apagado. 

Al paso por aquel jardín fui rozando suavemente con mi mano, todas las flores marchitas y con aquel suave roce se iban desmoronando, convirtiéndose en polvo y el aire adentro iba trasladando aquellas moléculas al infinito, como una lluvia de estrellas apagadas.
Me sentí agonizar bajo tan enorme desesperanza y bajo aquella lluvia eterna fui evocando lances arcanos, que en algún momento debí de haber completado.
Cuando le vi por primera vez estaba sentado con las alas desalagadas, bajo una profunda negrura.  Me llamó sin pronunciar palabra, solo con la mirada.  Al ver su deslumbrante halo, mis pasos fueron hacía él.    Me arrullo entre sus alas como a un niño asustado y por un momento finito,  por mi mente, vi pasar mi vida hecha de instantes deshilachados y mis penas se fueron disipando. Y de aquel aciago lugar donde la tristeza se manifiesta bajo un suspiro inagotado, surgió un frondoso vergel.   De un soplo de ternura floreció un manto de flores y aquel lúgubre lugar se convirtió en el edén de mi alma.
Dicen que los sueños, sueños  son, pero yo anduve bajo las pisadas de aquel sueño y bajo sus huellas me acogí a la esperanza, deseando que mientras duermo en la tierra de los sueños, ellos se liberen ante la falsedad engañosa y brote un autentico paraíso de la terrible realidad.

Margary Gamboa.©todos los derechos reservados.

miércoles, 1 de agosto de 2012

DESDE EL BALCÓN DE LA ESPERANZA


Con el alma desocupada una se sujeta a cualquier estrella que vuele cerca, con la intención de llegar a lo más ansiado, y un día, mi estrella llegó, ofreciéndome su  vuelo. Me llevó hasta él y me posó en edén de amor.
Aunque el silencio sea mi cómplice, no conozco otra razón más profunda para este amor, que amarle.

Aquel día quise soñar sus sueños y con las alas desplegadas, volé a ras de su alma, como si fuese una gaviota que araña el mar en busca de su presa. Solo por un segundo me posé sobre su pecho. Fue un pequeño instante que se convirtió en un grandioso momento. Allí, encontré un cobijo infinito, tan cálido y suave, del que jamás quisiera escapar.

Desde el balcón de la esperanza miré mi  vida, la vi tan bonita, que parecía de verdad. Me miré durante largo rato en lo profundo de sus ojos, hasta que ya no alcancé a ver más allá de mi  propia realidad. Me sentí tan insignificante ante aquella enorme complacencia, que me quedé plácidamente dormida al abrigo de sus caricias.

Tenía, en una mano la esperanza y en la otra la aseveración y con un traje de sentimientos desnudé mi alma. Fui escribiendo aquella historia en el libro del amor, donde había  construido un castillos de ilusión, en una parcela deshabitada.  Donde las huellas de la realidad no son más que pisadas en las nubes. Me sentiría tan feliz si algún día él, pudiera vivir un solo momento en mis sueños, por fin, sabría todo lo que callo.

Autora Margary Gamboa.©safeCREATIVE-Todos los derechos reservados.

viernes, 6 de julio de 2012

PARAÍSO IMAGINARIO



A veces pienso en el pasado, en esos recuerdos que abrazan mi alma, que permanecen allí sujetos al pedestal de la memoria y de vez en cuando voy deshilachando situaciones especiales  de mi infancia que afloran desbordantes, sin saber por qué, pero es cierto que en ocasiones siento necesidad de rememorar algunos momentos vividos en  aquel maravilloso tiempo de la niñez.

Será que los años se van echando encina y se va sintiendo ese peso como un lastre de energía negativa. Será por eso que pienso más a menudo en esas tardes de pan y chocolate, de carreras jugando al escondite, a la comba o a la rueda, momentos de cine de verano de olor a albero mojado y películas vistas con los ojos de la ilusión. Noches de verano estrelladas mientras cenábamos al aire libre, momentos inolvidables, mágicos, que pasaron por mi infancia y dejaron una estela de luz en mis recuerdos.

Recuerdo a mi madre pedaleando en la maquina de coser mientras yo convalecía en el lecho de la discordia. Me solía hundir en un apenado desespero escuchar como las demás niñas jugaban en la calle mientras yo, tenía que soportar yacente, aquel calorcillo incómodo en el pecho a la vez que inhalaba los vapores penetrantes del Vicks VapoRub.  

Desde la ventana de mi dormitorio se podía  observar una gran fachada encalada que resplandecía con el sol de la tarde, como un candil encendido. Mientras sucumbía al desgano me imaginaba que aquella enorme pared era una de mis cuartillas y en ella dibujaba un lugar perfecto, ideal para distraer mi exasperado hastío.  Un hermoso jardín de ensueño tapizado con gran manto de flores amarillas y alondras de luz que volaban en aquel espacio encantado. Y entre tanto encanto, de una fuente mágica manaban golosinas de todas clases.

Al terminaba mi dibujo, cerraba los ojos y pensaba que daba un salto desde mi ventana hacía mi paraíso imaginario. Con los brazos en cruz y la cara mirando hacia el cielo, notaba como una lluvia de pétalos de flores rozaba suavemente mi piel, me sentía inexplicablemente complacida. Ya no me importaba escuchar de fondo a las niñas jugando y deseaba que ese instante nunca finalizara.

Cuando pienso en aquellos momentos mágicos de mi infancia, siento que mi alma se eleva en un suspiro de nostalgia y mi único deseo es volver a esos momentos del pasado y dar de nuevo, el salto hacia aquel maravilloso paraíso imaginario.

Autora Margary Gamboa.©todos los derechos reservados.

viernes, 29 de junio de 2012

EL ESPEJO


La soledad me transforma en alguien diferente, sin espíritu, sin pensamiento. 
Miro al espejo y no soy yo, ni es mi reflejo.

Me siento extraña ante ese suave destello que me seduce, intento atraparlo, pero se desvanece mientras mi alcoba permanece
bajo el atroz grito del silencio.

Cuando caen los luceros y mis ojos se dormitan no cabe en mí más nostalgia y arañando un instante permanezco inerte, en silencio, sin nadie, solo yo, y mi triste reflejo.

Estoy segura de que el alma puede caber en un espejo, se libera disoluta, se transfiere al infinito y despacio se disipa hasta que se funde en el filo de un lamento.

Permanece allí, indestructible, y al mirarme a mi misma tan vulnerable, de una imagen a otra, existe un universo, entonce vuelvo a mirarme y ya no estoy sola, existe, otra yo en el espejo.




Autora Margary Gamboa. ©todos los derechos reservados.

LA DAMA DE LOS VIENTOS


En ocasiones pienso en aquellas tardes de verano junto al lago. Recuerdo que sentíamos que solo nosotros existíamos.
Me bastaba tan solo con verte sonreír y sabía, sin que me lo dijeses, que lo único que deseabas era que estuviésemos juntos toda la eternidad.

Recuerdo que te gustaba contarme aquella historia, sostenías que era cierta que ocurría y que la Dama de los vientos, vestida de tul, de vez encunado venía a visitarte y te besaba la frente.
Sentía celos de aquellos besos imaginarios.

Hubo un tiempo donde la música unía al unísono nuestros corazones inquietos, donde cada balada era más que un canto al amor. Bailamos cogidos de la cintura por senderos de claveles unidos a un único sentimiento, a una misma ilusión y deseé que ese tiempo nunca se agotase. Te sentiste afortunado en el transcurso de aquel tiempo fugaz y yo la princesa de mi propio cuento.

Aquel tiempo mágico en que creí tocar mi cielo se agotó, se marchitó como una flor de primavera. Quizás el jardinero que cuidaba aquellos jardines de ensueños envejeció.
Añoro esos momentos en los que caminando de puntillas junto a ti, creí tocar un sueño.

Tal vez esa sensación de que alguien se acercase a ti para besarte la frente, fuese un presagio del futuro. A veces me visto de tul y pienso en esa Dama de los vientos, cierro los ojos y deseo ser yo quien se acerque a tus sueños y posando mis labios sobre tu frente te ofrezca el ultimo beso.

Autora Margary Gamboa. ©todos los derechos reservados.

sábado, 26 de mayo de 2012

LA ROSA DE LA LUJURIA



Aquella silenciosa sombra masculina se dirigía hacía mi mientras la música sonaba.  Sus ávidas pupilas clavadas fijamente en mis senos, comenzaban a  incomodarme. Intenté  ceñir   el escote de mi blusa a mi cuello para disimularlos, pero sus manos comenzaron a deslizarse por debajo de mi falda. 

Ellas fueron capaces de lograrlo, de transformar la congoja en regocijo. 
El delirio de una caricia me transportó a un lugar desconocido, a un lugar donde jamás había estado antes a pesar de mis años.

Encontré sin proponerlo a un vendedor de bisoño que entre sábanas de satén, aguardaba sosegado a que desvelase la sensualidad que abrigaba a lo más íntimo de mí ser.

Con él fui deshojando la rosa de la lujuria y descubrí como esculpía uno a uno los brillantes del deseo y un apetito voraz por la carne hizo que desterrase a la correcta dama en que albergaba en mí.

Bebí de su amor tantas veces como gotas de lluvia puedan caer en otoño.
En cada encuentro, caminé por senderos de gloria. Era como una adicta necesitada de somníferos.
Pero pronto se evaporó como el aroma de un perfume barato, dejándome sumamente abúlica.  

Fue entonces cuando me negué a continuar con mi anterior existencia, que me descendía de un modo insustancial. Y desde entonces,  cada día en su honor, coloco una rosa en mi pelo y despliego las alas de la lujuria, para derramar mi cólera en las esquinas con la excusa de conseguir, un puñado de monedas.

Autora Margary Gamboa. ©todos los derechos reservados.



lunes, 12 de marzo de 2012

TROVADORA DE ILUSIONES



Cuando te veo en mis sueños, acaricias mi sentir, quisiera no despertar, tenerte siempre a mi lado, pero con una etérea mirada, siempre sonríes y te vas…Quisiera que te quedaras, que fueses por una vez mi amado, y me susurres al oído, que estás de mí enamorado y deseas, ser la leña de mi hogar.

Quisiera sentir tu aliento, la calidez de tu abrazo, el tacto suave de tus manos acariciando mi cuerpo, besándome, encendido de pasión, como un loco enamorado y en ese preciso instante, el tiempo se detuviera y que fueses mi amor, mi amante, sin fuese una quimera.

Ya no se donde quedó este sueño de cristal, de esta trovadora de ilusiones, que nunca hizo su sueño realidad. Ni donde quedaron aquellas sutiles miradas que siempre me regalabas, llenas de complicidad.  

Bajo tus alas de ternura, este anhelo deseado, que está turbando mi interior, mermando poco a poco mi razón. Aún conservo en el alma negros tules de tristeza, sabiendo, que esta pasión sin medida, un día, pudo hacerse realidad.

Nadie sabe mi sentir, tan solo lo sabe el viento, las noches tristes y oscuras, mis penas y sufrimientos, mi almohada mojada, de lágrimas de amargura. Nadie sabe mi sentir. Nadie más que esta locura y no lo puedo decir. 
Pobre trovadora de ilusiones que un día quiso volar y sus alas prisioneras, no la pudieron elevar.


Autora Margary Gamboa©todos los derechos reservados.

jueves, 23 de febrero de 2012

MI DULCE ANITA


Anita, aquella dulce niña siempre solitaria. Vivía en una enorme mansión, con un precioso jardín que rodeaba toda la vivienda. En él había una explosión de coloridos y aromas que inundaban el lugar. La vegetación era generosa gracias al clima templado de la isla. Rosas, camelias, margarita, geranios, petunias y hortensias adornaban la entrada y en cada esquina de la casa, una cascada de buganvillas que trepaban hasta el tejado. Y entre tantas flores, la más bella flor de todas, la pequeña Anita. Nos pasábamos gran parte del día en aquella hermosura de jardín.

La primera vez que la vi, fue allí, en el aquel vergel. Estaba sentada en un balancín, apoyada en esponjosos almohadones y rodeada de muñecas de trapo. Cuando me acerqué a ella se quedó mirándome fijamente, sin decir palabra, sus grandes ojos de triste noche refregaban su inocencia y su quebranto. En ese mismo instante me robó el corazón.

Ella permanecía sentada la mayor parte del día porque su delicada salud no le permitía corretear como cualquier niña de su edad, a duras penas conseguía dar algunos pasos.

Cada mañana salíamos al jardín y me decía con voz melosa.
-Dana cuenta un cuento- Las palabras salían de mi boca sin hacer ni un solo descanso en mi razón y le contaba cuentos que jamás había escuchado como si en otra vida alguien me los hubiese contado, pero parecían guardados en un desván de mi mente.

Se quedaba embelesada escuchando mis historias, luego hacía algunas preguntas al respecto y seguíamos entretenidas con las flores. Elaborábamos coronas y collares de margarita. Juntas tomábamos a pequeños sorbos cada instante, porque cada momento con ella, era como una caricia en el tiempo, un guiño a la mañana.

Se mostraba en cada momento tan dulce y cariñosa, tan frágil y delicada como aquellas campanilla del jardín que rodeaba la verja. Parecía un verdadero ángel, un regalo del mismo Dios, que había bajado desde los cielos para posarse en la tierra. Estaba envuelta en un aura de candor que hechizaba su presencia.

Los cuidados que recibía eran extremos, pero aun así, su deterioro iba en aumento y progresivamente fue ganándole terreno. Se me partía el alma al observarla tan sensible y vulnerable, siempre bailando sobre esa delicada línea que separa la existencia del óbito. Se Marcharon en un barco camino a Nápoles, con las esperanzas puestas en un nuevo tratamiento que aliviase su daño.

A pesar del tiempo transcurrido sin ver a la pequeña y a pesar de la distancia que nos separaba, seguía mi preocupación por ella y esperaba que algún vendedor de ilusiones le ofreciese su único anhelo.  

Una noche apareció en mi sueño, vino hacía mí, venía envuelta en una túnica blanca y la suavidad de sus pasos parecía acariciar el suelo. Se paro frente a mí y me beso en la mejilla. Yo extendí mi mano para tocarla y ella me ofreció su collar de flores y se alejó sonriente dejando mi corazón en el más profundo del abismo, donde no se encuentra consuelo. Se apagó como una vela y su alma de libre vuelo vino hasta mí para regalarme su adiós para siempre.
En la mañana, al despertar, sobre mi almohada había un collar de margarita.

Autora Margary Gamboa. ©todos los derechos reservados.

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